jueves, 17 de septiembre de 2009

«Me paso el día pensando qué les voy a dar de comer a mis niños»


Ana está desesperada y no para de buscar trabajo. /R. L. PEREZ

Ana y Francisco, de la Paz, forman uno de esos hogares donde no entra ningún salario; y tienen tres hijos a su cargo.

07.06.09 - M. V. C. GRANADA

Ana vive en la barriada de La Paz con su marido y sus tres niños. Forman una de esas familias en las que no entra ningún sueldo, tienen a todos sus miembros en el paro. Su cuenta bancaria está tan vacía como su nevera. Su caso es el más extremo dentro de ese maremoto llamado crisis.
Ana y Francisco tienen una hija de 22 meses, otra niña de nueve y un hijo adolescente con una minusvalía psíquica del 41%. El chico sufre trastornos de conducta y un retraso madurativo, pero Ana explica que no es un grado suficiente como para que les concedan una ayuda de la Ley de Dependencia. Así que, actualmente, en su casa no entra nada de dinero. Su marido, que ha trabajado muchos años como pintor, ya ha agotado el subsidio de desempleo. Ana logró trabajar en Sierra Nevada durante la temporada de esquí, ganando 300 euros al mes por doce horas semanales. Pero no fue suficiente para que ahora pueda cobrar el paro. La balanza se ha roto, sólo crecen las deudas.

«Salir de casa me da vergüenza porque le debo a todo el mundo», explica Ana. «En la farmacia, al panadero, en la tienda...tengo deudas con todo el mundo», dice la mujer. Aún así, sus vecinos saben la mala situación por la que están pasando y no es raro que se encuentren en su puerta, por ejemplo, algún cartón de leche.

Ana llama por su nombre a las asistentas sociales del barrio, un servicio que dice haberla decepcionado. «Sólo logramos que nos enviaran a una oenegé para que nos dieran comida; pero eso es hambre para mañana, nosotros sólo queremos trabajar para mantener a nuestra familia». Pero hasta esa ayuda se les ha acabado.

«Mi marido sale todos los días temprano para preguntar obra por obra si hay trabajo, de lo que sea. Y yo estoy dispuesta a trabajar también en cualquier cosa». La mujer explica que uno de los dos tiene que quedarse en casa para cuidar de su hijo mayor, puesto que la enfermedad mental que padece le provoca crisis violentas.

Dormir solo

«Hace unos años, cuando comenzó a tener un comportamiento agresivo, tuvimos que hacer obras en la casa para dividir una habitación en dos y que pudiera dormir solo». Para esos arreglos tuvieron que pedir un préstamo que todavía tienen que pagar, a lo que se suma una multa de tráfico a la que no pueden hacer frente.

«La última vez que entró en casa fueron veinte euros de la liquidación del trabajo en Sierra Nevada, pero después de eso no hay nada». Y tienen que seguir pagando la medicación de su hijo mayor, la que evita que sufra crisis violentas. Y comprar pañales a la niña pequeña, y buscar comida para sus retoños...

Ana explica cómo sus hijos se han ido dando cuenta de la situación, sobre todo la niña de nueve años. «Cuando le entra hambre, me dice que sólo tiene un poco, pero que puede aguantar todavía...», relata, hecha un mar de lágrimas. Han llegado a la situación en la que, literalmente, no tienen nada que echarse a la boca.

Su desesperación llegó a tal grado, que Ana y su marido llegaron a escribirle una carta a la Reina Sofía en la que le explicaban todos sus problemas. «Nos han contestado que han remitido nuestro caso a Bienestar Social, pero eso no nos va a servir de nada». Ni en servicios sociales, ni en las parroquias ni en las oenegés pueden hacer nada por ellos: «Nos dicen que hay muchas más personas así, muchos parados, y que no pueden atenderlos a todos», explica Ana.
Finalmente ha acudido a este periódico, desesperada. «No me da vergüenza estar en paro, no tener dinero; lo que me daría vergüenza es que mis hijos se murieran de hambre; no haber hecho todo lo posible por sacarlos adelante».

FUENTE: http://www.ideal.es/granada/20090607/granada/paso-pensando-comer-ninos-20090607.html

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